Cartelera, 27 de marzo. G.I. JOE y Grandes Esperanzas

Cartel de G.I. Joe: la venganza. Imagen propiedad de Paramount Pictures Spain

Cartel de G.I. Joe: la venganza. Imagen propiedad de Paramount Pictures Spain

G.I. Joe: la venganza. Título original: G.I. Joe: retaliation (Dirigida por Jou Chu. Ciencia ficción con Channing Tatum, Ray Park, Lee Byun-Hun, Dwayne “The Rock” Johnson y Bruce Willis): En esta secuela de de G.I. Joe, dos soldados destinados en Kazajistán (el capitán Duke Hauser y su compañero “Ripcord”) reciben la orden de transportar un armamento especial creado por MARS, una empresa fabricante de armas controlada por James McCullen. Tras ser atracados por unos bandidos (encabezados por Anastasia DeCobray, con quien Duke tuvo una historia romántica), son rescatados por una súper secreta unidad internacional de fuerzas especiales conocida como los “G.I. Joe”. El jefe de G.I. Joe, el general Abernathy (o Hawk, nombre en clave) persigue a los ladrones: una siniestra organización llamada “Cobra”. Mientras Duke y Ripcord se entrenan para unirse a los G.I. Joes, McCullen (“Destro”) trabaja en secreto para Cobra y planea recuperar sus explosivos de “Nanomite”, que devoran el metal. Duke y Ripcord (con la ayuda de Heavy Duty, Snake Eyes y el resto de los Joes) tendrán que demostrar que son unos auténticos héroes, impidiendo el lanzamiento de esos proyectiles antes de que Cobra los utilice para conquistar el mundo.

Recuerdo a los Joes de mi época infantil. Los llamábamos “Giyous“, jugábamos a las operaciones militares en los comedores, en las cocinas y hasta en la bañera. A mí, con frecuencia, se me perdían un par de soldados destinados en alguna misión secreta. No era difícil encontrarlos si se buscaba bien en macetas o en las patas de la mesa. Aquellos muñecos de acción, poco más grandes que un Playmobil, llegaron acompañados de cómics y una serie animada de televisión. Diría, dejándome llevar por la ilusión del niño que fui, que las figuras precedieron a la maquinaria de la industria. Tal afirmación, además de osada sería falsa. Si queda algún nostálgico en el público, os dejo un par de páginas para rememorar viejas posesiones: Yojoe y G.I. Joe Store. Si tuvisteis un Joe, no dejéis de visitar la primera.

Ahora bien, como este blog es de cine… Hablemos de la segunda parte de los Joe en la gran pantalla, con el fichaje de Bruce Willis como reclamo (y no esperéis encontrarle muchos minutos en pantalla). La aventura es enrevesada y la sinopsis excesiva, no he querido recortar el argumento para que veáis cuan trillado alcanza a ser. El conjunto es abrumador por caótico y disparatado, sin dejar de ser. por ello. previsible. Mucha acción destinada al público adolescente a quien los personajes les suenan extraños, donde poco importa quién muere o qué dice antes de hacerlo. Las balas rebotan, las explosiones te envuelven y el sonido desborda las paredes… para nada. Quienes vivimos con los Joe en nuestra infancia, no disfrutamos con productos como este. El entretenimiento se puede conseguir en otros lugares, hay mejores formas de huir de los clasicazos de Semana Santa. La primera parte no colmó las aspiraciones que Paramount depositó en el proyecto, en esta secuela la franquicia no remonta.

 

Cartel de Grandes esperanzas. Imagen propiedad de A Contracorriente Films

Cartel de Grandes esperanzas. Imagen propiedad de A Contracorriente Films

Grandes esperanzas. Título original: Great expectations (Dirigida por Mike Newell. Drama de época con Jeremy Irvine, Ralph Fiennes, Helena Bonham Carter y Holliday Grainger): El hijo adoptivo de un humilde herrero sueña con convertirse en caballero. Cuando es enviado a Londres a estudiar gracias al dinero de un benefactor anónimo, ve la oportunidad de conquistar a la joven de la que está enamorado desde niño, la “sobrina” de una vieja aristócrata perturbada que ha educado a la chica para hacer sufrir a los hombres.

Nueva adaptación de la novela homónima de Dickens. Proyección dispar, colmada de altibajos con secuencias misteriosas, teatreras (en el buen sentido) y costumbristas. Destacan decorados y vestuarios, sorprenden los viajes de un lado a otro de los escenarios sin ton ni son. Las actuaciones no desmerecen, el argumento no es complicado y el espectador ha de rellenar algunos huecos para completar ese juego cinematográfico de unir con la línea de puntos trazada en secuencias. Sin embargo, carece del empaque de una gran producción destinada a conmover. Quizás el imaginario de un perturbado Dickens podría haber elaborado algo mucho más llamativo en estos días que corren, donde todo nos suena a viejo y es difícil sorprendernos. Las pequeñas píldoras humorísticas ayudan a pasar el trago, las relaciones entre los personajes quedan demasiado abiertas. Estoy convencido de que se podría haber sacado muchísimo de, al menos, un par de ellas. Y de principio a fin tienes la sensación de estar asistiendo a una obra que podría ser fascinante con algunos toques más, lo que hace del visionado una pequeña tragedia en sí. No aburre, entretiene pero se olvida con facilidad. Y Dickens no lo merece.

 

Cartel de Los últimos días. Imagen propiedad de Warner Bros. Pictures International España

Cartel de Los últimos días. Imagen propiedad de Warner Bros. Pictures International España

Los últimos días. Título original: The last days (Dirigida Álex Pastor y David Pastor. Ciencia ficción con Quim Gutiérrez, José Coronado, Marta Etura y Leticia Dolera): Año 2013. Una misteriosa enfermedad se extiende por todo el planeta. La humanidad desarrolla un pánico irracional a salir al exterior, lo que provoca la muerte de manera fulminante. Pronto, toda la población mundial se queda encerrada en sus casas. Mientras la civilización se desmorona, Marc emprende una misión casi imposible: la búsqueda de Julia, su novia desaparecida.

Este es el otro cine que pedimos al nuestro, al español. Lejos de almodóvares y coixets, lejos de inercias que conducen al público en la dirección opuesta a las salas. El cine patrio está cargado de argumentos para dejar insatisfecho al espectador que paga religiosamente su entrada en la taquilla. Y esa sintonía de ruptura, que algunos directores trabajan por recortar, provoca cintas como esta. En la práctica se catalogan como películas mejores y peores, como trabajos pasajeros, similares a los cientos de estrenos norteamericanos que nos invaden, pero hechos en casa y con mucho menos presupuesto. Con estudios, extras y especialistas que nos tocan de cerca. Con montajistas, iluminadores y diseñadores que pagan sus rentas en este país. Como entretenimiento, esta reflexión un tanto rancia, aporta poco. Económicamente quizás deslice más de lo que pretende en origen, que no es otra cosa que abrir los ojos. El cine se inventó en Francia, no en EE.UU.; a los usamericanos debemos atribuirles las guerras por el petróleo, los McDonalds y la factoría de divisas que es Hollywood. Y por ello no hay que beber las aguas que bajan de esas tierras sin cuestionarse si quiera qué se esconde río arriba.

Los últimos días recuerda en exceso algunas escenas de Soy leyenda, un error asumible. El argumento no es el mismo, encierra un nuevo misterio y aboca a la humanidad a vivir hacinada bajo tierra. Se me antoja extraño encontrar a Quim Gutiérrez con barba, y cada vez menos raro ver a Coronado desaliñado con porte de borracho problemático, capaz de abrirte en canal en cuestión de segundos si le llevas la contraria.

La clave del producto es el resultado, pues el viaje está marcado desde el inicio siguiendo premisas mil veces vistas, mascadas y transitadas. Si el argumento se resuelve con ingenio, el espectador aplaude; si lo hace con clichés, la burbuja explota.

 

Cartel de La soledad de los números primos. Imagen propiedad de Alta Classics

Cartel de La soledad de los números primos. Imagen propiedad de Alta Classics

La soledad de los números primos. Título original: La solitudine dei numeri primi (Dirigida por Saverio Costanzo. Drama con Alba Rohrwacher, Luca Marinelli, Isabella Rossellini, Arianna Nastro, Vittorio Lomartire,Martina Albano, Tommaso Neri, Aurora Ruffino y Giorgia Pizzio): En la escuela, Mattia había estudiado que entre los números primos hay algunos muy especiales, a los que los matemáticos llaman números primos gemelos: son parejas de números primos que están casi juntos, pues entre ellos sólo se interpone un número par. Son números como el 11 y el 13, el 17 y el 19, o el 41 y el 43. Mattia pensaba que Alice y él eran así, dos primos gemelos, solos y perdidos, juntos pero no lo bastante para tocarse de verdad…

Adaptación cinematográfica del bestseller internacional “La soledad de los números primos”, de Paolo Giordano.

“Una bobería. Si la novela ha convencido a tantos es, sin duda, por su habilidad para, hablando de alguien ajeno, en realidad, ocuparse del que lee. Como tantas. Pero no hay ni rastro de esto tan básico sobre la superficie de la pantalla”, Luis Martínez en El Mundo.

 

Roberto Prada

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Acerca de Roberto Prada

Periodista en ciernes. Soñador reflexivo, pensador a tiempo completo. Me gusta el cine. Escribo acerca del bien y del mal lo mejor que sé. Divulgo, comparto y opino. No soy buen tipo, no intento serlo. Gracias por compartir experiencias conmigo.
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